domingo, 30 de abril de 2017

Historia de nuestra bandera Colombian

HISTORIA DE NUESTRA
BANDERA COLOMBIANA
Por Joce G. Daniels G.

La bandera colombiana, esa que hoy todos tenemos en las manos, la que llevamos a los partidos de fútbol y vemos en los edificios del estado, la que muchas veces hemos izado aquí en nuestro colegio, la que usan nuestros deportistas, la que llevan aviones y buques del país, la que ondea y flamea sobre la cúspide de las altas montañas colombianas tiene una historia fascinante, llena de luchas, alegrías, batallas y especialmente de victorias.
Quiero anotar antes que las banderas son necesarias, los países, las organizaciones, las instituciones educativas, los departamentos, la iglesia, las ciudades y las regiones tienen sus banderas, pues estas dan personalidad, fortaleza y prestigio.
El origen de nuestra bandera se remonta al 12 de marzo de 1806, cuando el precursor de la Independencia Venezolana, Francisco Miranda Vignoni, la llevó por primera vez como emblema de triunfo a bordo del bergantín Leandro, en su intención de tomarse la ciudad de Coro, en Venezuela, que estaba en poder de los españoles.
Años después, el Libertador Simón Bolívar, cuando andaba abriendo brechas y venciendo con su ejército de lanceros a los españoles, ordenó continuar con la bandera de Miranda como el emblema colombiano. En una carta el Libertador escribió: "El pabellón que la victoria ha enarbolado en todos los pueblos de Venezuela y que debe adoptar la Nación es el mismo que se usaba en la primera época de la república, esto es, de los tres colores: amarillo, azul y encarnado".
A medida que las distintas provincias y ciudades del Nuevo Reino de Granada declaraban su independencia absoluta de España, iban adoptando su propia insignia. Así, por ejemplo, las ciudades confederadas del Valle del Cauca, que eran Anserma, Buga, Cali, Caloto, Cartago, Iscuandé, Popayán y Toro adoptaron en 1811 una bandera de dos fajas horizontales, de colores azul celeste y blanco, orlada de plata.
La Provincia de Cartagena se identificó en 1812 con una bandera "rectangular de tres cuadrilongos, el primero rojo, el segundo azul y verde el central, y en éste una estrella de plata de 8 rayos"; y el Estado Libre e Independiente de Cundinamarca creó en 1813 una bandera de 3 fajas horizontales de iguales dimensiones, arriba azul celeste, en medio amarillo y abajo rojo, que es la que actualmente usa el Departamento de Cundinamarca.
Sucesivamente fue cambiando la ubicación de sus colores a medida que nuestro país cambiaba de formas de gobierno, sin embargo, siempre conservó los colores originales: amarillo, azul y rojo.
Quizás los cambios más notables se produjeron en tiempos del general Santander, en 1834, quien dispuso que los tres colores serían rojo, azul y amarillo, siendo el rojo el más cercano al asta.
Pero desde el 1861, bajo el gobierno Provisional del General Tomás Cipriano de Mosquera, se adoptó la forma actual.
Es bueno tener en cuenta algunos aspectos sobre nuestra bandera:
*               La bandera de Colombia debe ser izada en las fachadas de las casas, desde las 8:00 a.m. hasta las 6:00 p.m. los siguientes días: 20 de julio, 7 de agosto, 12 de octubre, 11 de noviembre, en la fecha de creación del departamento y en la fecha de fundación de la ciudad.
*               Al izar las banderas la primera será la de Colombia junto con el himno nacional, luego todas las demás al tiempo. Al arriar las banderas, la última será la de Colombia.
*               La decisión de poner la bandera de Colombia a media asta, solo puede ser dada por el Ministerio de Defensa.
*               Cuando el pabellón nacional sea izado junto a otro, quedará siempre a la derecha.
*               Cuando está con un grupo de banderas de otros países, al centro va Colombia y luego las demás en orden alfabético de derecha a izquierda.
*               Nunca las banderas tocan el suelo. Ninguna bandera puede tener los colores desteñidos o estar rota. Y por último,
*               Sólo llevan el escudo de Colombia aquellas que están en el despacho del Presidente de la República y en las guarniciones militares.

 Cartagena, 20 de julio de 1999.

domingo, 23 de abril de 2017

Origen de la Expresión La Lengua Cervantina


Orígen de la expresión 
La lengua Cervantina
Joce G. Daniels G. 
Conferencia leída en la Casa de España de Cartagena 
el 23 de abril del año 2008

“Ninguna persona puede presumir
de culta, si no ha leído el Quijote”
M de la T.


Si he de ser sincero[1], tengo un presentimiento y temor aquí en el alma de que muchos de ustedes, antes de que yo pase a la segunda página de estas divagaciones intrascendentes, seguramente estarán en los brazos de Morfeo, asidos y viajando por el insondable mundo de la bella nefelibata. Sé que me metí en una aventura quijotesca, ya que me he propuesto encontrar la raíz, o en el mejor de los casos la persona o el escritor que por primera vez utilizó la expresión Lengua Cervantina, para mediante una metonimia, designar el Idioma Español.
Tampoco pretendo ilustrar a tan selecto auditorio, pues eso sería temerario; mucho menos intento divertirlo con divagaciones o con razonamientos más o menos ingeniosos o extemporáneos; no busco ensayar críticas sobre lo que a través del tiempo se haya comentado, eso es superior a mis fuerzas; pero si deseo expresar  por lo menos una nueva luz a la monumental obra cervantina, que en estos momentos es lo indicado por la oportunidad que nos congrega, echando a un lado cualquier ápice de petulancia o fanfarronería.
Al asumir el compromiso de venir a este lugar para decir algo relativo a Cervantes quise documentarme en toda clase de lecturas, unas difíciles y otras fáciles de comprender, alguna me desorientaron tanto que hube de volver al punto de partida, pues es tal la cantidad de páginas y páginas que se han escrito alrededor de la vida y la obra de este personaje, que uno termina agotado y en algunos casos confundido.
Leí la mayoría de trabajos serios de quienes emiten juicios muy acertados  acerca de los motivos que llevaron a don Miguel de Cervantes Saavedra a escribir el Quijote, su obra por excelencia más conocida; otras veces me enfrasqué en críticas cuya nimiedad fatigante desconcierta, y, sin que me intimidara el tema, tuve también a la vista diferentes versiones del contenido del Quijote.
Muchos de esos conceptos, que en la mayoría de ellos se siente la grandeza de Cervantes y la humildad de quienes los pergeñan, fueron desdeñados adrede, por cuanto no eran el objeto de mi osadía, posiblemente más adelante los expresaré si la generosidad de Cronos, en este recinto, me lo permite.
Durante varios días, quizás horas, semanas y meses, estuve curucuteando y rebuscando, escarbando y hurgando, en libros y revistas, archivos y anaqueles, plúteos y bibliotecas, para encontrar la raíz o en el mejor de los casos alguna referencia que me dijera, no por qué se llama al Español lengua cervantina, sino quien o quienes fueron las primeras personas que se atrevieron a darle tan  alto honor y merecido homenaje al ilustre don Miguel de Cervantes Saavedra, ya que raras veces, o nunca, escuchamos que se diga lengua shakesperiana, idioma dantesco, habla balzaniana o lenguaje kantiano.
Eso sí, en el mundo de las letras, de la creación y de la investigación, encontramos argumentos que tienen el apellido de quien puso los puntos sobre la íes al proponer y abrir por primera vez un modelo o arquetipo que aún todavía en nuestros días, sigue vigente.
De estos hay muchos, pero muchísimos ejemplos, tales como “las tragedias de Esquilo”, el infierno de Dante”, la Ortografía de Nebrija, la Gramática de Bello, las rimas de Bécquer, la Oda Horaciana, la décima o Espinela, o también, por antonomasia, se da la paternidad a alguien, cuyos méritos sobrados lo ubican en la cúspide de una escuela o género, en el campo de la narrativa, la investigación o la poesía, y entonces decimos padre de la Oratoria, en alusión a Demóstenes,  padre de la Fábula, para mencionar a Esopo, padre de la Historia, y nos conectamos con Herodoto, padre de la novela histórica, y establecemos un vínculo con Walter Scout, padre de la novela sicológica, y evocamos a Dostoieski,  padre de la novela romántica, para mencionar a Chateaubriand, en fin encontramos todo un universo rico y abundante que dice mucho de la prolífica mente del hombre en su afán por mejorar el mundo de las letras y de la investigación, sin incluir los 25 mil dioses, las quince mil diosas, semidioses y todos los endriagos fabulosos que pueblan el universo de las diferentes mitologías y de las religiones y creencias.
Sabemos que Barranquilla es la Puerta de Oro de Colombia, porque así la llamó el presidente Olaya Herrera a finales de 1930. El Barón de Humboldt, que apenas si estuvo unos cinco meses en la Santa Fe de Bogotá de los virreyes, se compenetró tanto con el ambiente que le dio el título que aún hoy día permanece: Atenas Suramericana.
Rastrear los orígenes de una expresión o palabra,  en razón a los cambios semánticos, ya sea desde el punto de vista de la diacronía, es decir atendiendo a los diferentes significados que ha sufrido la palabra, o desde la óptica de la sincronía, que designa los hechos lingüísticos en un momento dado, no es fácil.
Así, podemos observar que toda palabra, por muy sencilla que sea o por mucho que la usemos o no la usemos, carga sobre sus hombros un catabre o  mochila llena de muchas realidades, donde se juntan orígenes y principios, historia y fantasía, aventuras y recorridos, amores y odios, tradiciones y costumbres, cambios y mutaciones, batallas y conquistas, triunfos y derrotas, invasiones y defensa, cultura y formación, pueblos y etnias, penas y  castigos, amnistía y olvido, en fin, vida y muerte.
A través de los siglos y los milenios, hemos sido testigos de la  fortaleza y estructura de muchas palabras que han desafiado los avatares de los tiempos, que han pasado la línea imaginaria de la historia en cada época, han sorteado tempestades y tormentas, guerras y batallas, hecatombes y cataclismos y cómo, de una u otra manera han permanecido firmes e incólumes, muy a pesar de los cambios semánticos a que se han visto abocadas.  El Padre Félix Restrepo, como uno de los más versados lingüistas de nuestro país, en un copioso estudio de muchas hojas, hizo varias disecciones y dicotomías y al final concluyó que las palabras tienen alma.
A veces, sin ninguna clases de consideración, unas veces por ignorancia y otras por pedantería, para estar “in”, usamos términos sin conocer su significado y muchos menos su etimología o raíz. Por ejemplo, hace pocos meses, me topé de pronto con una reunión de ilustres y notables intelectuales, que discutían acerca de la palabra cachón. Cada uno exponía sus razones y cada uno esgrimía juicios traídos por los cabellos. Hablaban con propiedad que el término era aborigen y que se derivaba de las relaciones furtivas que mantenían ciertas mujeres con los patrones de sus maridos, especialmente con aquellos llenos de riquezas y de ganados. Otros menos osados decían que el término se aplicaba porque al hombre cuya mujer es infiel, le salían una especie de cachos como al alegórico demonio. Lo cierto es que esta es quizás una de las palabras más antiguas de la humanidad y que es fiel ejemplo de la fortaleza y estructura que la configura. Pues ella deriva de la mitología griega cuando la reina Pasifae, esposa del rey Minos el creador de la civilización minoica, es castigada, en su soberbia a enamorarse del toro sagrado de Poseidón. De aquel extraño connubio, nació el Minotauro, mitad toro, mitad hombre. La historia comenzó a designar carnudo, cornúpeta, cabrón o simplemente venado al hombre que estuviese bajo los rigores de la infidelidad. Sin embrago quiero aclarar, que Pausanias, en su obra “Periegesis”, escrita seis siglos antes de Cristo, aclaró que el hijo de la reina era llamado así peyorativamente, porque no sabían si era hijo de Minos o de Tauro, un príncipe amante de Pasifae.
La expresión Lengua Cervantina, para designar el bello, sonoro, musical y rítmico Idioma Español, que gracias a Dios y a la osadía o locura de don Cristóbal Colón, llegó a esta parte del mundo hace poco más o menos quinientos y pico de años, no es una frase gratuita o descabellada, pues signa y equipara al más genial de todos los escritores y fabuladores de muchos milenios de la humanidad  y el reconocimiento a la prolífica obra que en cierto sentido, como una gran red abarca y se extiende a todas las manifestaciones de la condición humana.
Muchos de los que estamos aquí, que nos hemos sumergido en esa selva maravillosa de la Historia de la Literatura, que nos hemos adentrado al estudio de las diferentes épocas de la sociedad, que hemos recorrido la senda y las trochas de la literatura española, encontramos que no fue fácil para el Manco de Lepanto, abrirse paso con sus escritos en la España de su tiempo, cuando a su alrededor hubo tantos y tan buenos y excelentes poetas y narradores, pero también detractores y envidiosos, críticos y censores, hasta el punto que los hermanos Bartolomé y Lupercio Argensola, aristócratas y palaciegos, cuyas obras literarias eran tan malas que ni ellos mismos las leían y terminaron por incinerarlas, cuando Miguel de Cervantes Saavedra, envió copia del manuscrito del Quijote al rey para solicitar el permiso de impresión, lo lanzaron con rabia a la basura, y como explicación le dijeron al rey que “nadie tan necio como Cervantes y tan loco como don Quijote”. 
A finales del siglo XVIII la expresión “Siglo de Oro”, con la que Lope de Vega aludía a su época y que suscitaba la admiración de Don Quijote en su famoso discurso sobre la Edad de Oro, ya se había popularizado y en el siglo XIX la consagra el hispanista norteamericano George Ticknor[2] en su Historia de la literatura española, aludiendo al famoso mito de la Teogonía de Hesíodo en que hubo una serie de edades de hombres de distintos metales cada vez más degradados.
Fue él, quien inspirándose en Don Quijote, bautizó el periodo comprendido entre 1492 y 1665 como Siglo de Oro de la literatura española. Entendiéndose como la época clásica o de apogeo de la cultura ibérica, esencialmente el Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo XVII. Ciñéndose a fechas concretas de acontecimientos clave, dicho período abarcaría desde la publicación de la Gramática castellana de don Antonio Elio de Nebrija, en 1492,  hasta la muerte de don Pedro Calderón de la Barca ocurrida en 1681.
Aunque en el punto más alto de este apogeo se encuentran las figuras de Miguel de Cervantes y Félix Lope de Vega Carpio, quien se hacía llamar “el Fénix de los Ingenios”, muy poco se recuerda, o nadie habla de sus Novelas Pastoriles, de las Novelas Bizantinas,  tampoco del Teatro, o en el último de los casos de La Dorotea, en la que el autor, en su senescencia, rememora sus idilios y amores casi adolescente con Elena Osorio, obra que en su tiempo, por tener la misma estructura fue considerada un plagio de la Tragicomedia de Calixto y Melibea, llamada simplemente Celestina.
Quiero aclarar que la a la lengua cervantina se la denomina también castellano, por ser Castilla, el nombre de la comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos medievales. Existe alguna polémica en torno a la denominación del idioma; el término español es relativamente reciente y no es admitido por los muchos hablantes bilingües del Estado Español, pues entienden que español incluye los términos valenciano, gallego, catalán y vasco, idiomas a su vez de consideración oficial dentro del territorio de sus comunidades autónomas respectivas, son esos hablantes bilingües quienes proponen volver a la denominación más antigua que tuvo la lengua, castellano entendido como “lengua de Castilla”.
En los países hispanoamericanos se ha conservado esta denominación y no plantean dificultad especial a la hora de entender como sinónimos los términos castellano y español. En los primeros documentos tras la fundación de la Real Academia Española, sus miembros emplearon por acuerdo la denominación de lengua española.
Pero volviendo a esa búsqueda y rastreo incesante y a veces angustioso por encontrar el punto de apoyo de la argumentación  que se pretende, en este caso el origen de una expresión tan sencilla, pero significativa, a medida que me adentraba a los escritos que hablan del habla y de los escritos cervantinos, de los copiosos tratados que han auscultado cada rincón de la obra de Cervantes, me asombraba más y más de la grandeza y genialidad del escritor de Alcalá de Henares, en cuya pluma jamás asoma un solo ápice de amargura, un signo de dolor, una manifestación de angustia, a pesar de los sufrimientos y condiciones económicas desfavorables en que transcurrió mucha parte de su vida. Todo lo contrario, cada línea, cada párrafo, cada libro es un canto a la alegría, un himno a la felicidad, un epinicio al regocijo.
Rebusqué línea por línea, párrafo por párrafo en los voluminosos trabajos de don Amado Alonso[3], Azorín[4], Gerardo Diego, Benavente, Feijoo, Alejandro Carrión[5], María Elena Castelino[6], Fernández García Nieves[7], José Servera Baño[8], Rafael Lapesa, La gastronomía en el Quijote” del Prof. Joaquín de Entrambasaguas, don Andrés Bello, Lucas Caballero Calderón, don Ramón Menéndez Pidal[9] algunos libros y tratados que no tenían ninguna relación, pero que en la portada de la obra aparece como gancho el nombre del Quijote o de Miguel de Cervantes Saavedra.
Cuando ya había escarbado tantas y tantas cajas de libros, cuando ya había repasado una y otra vez, al derecho y al revés textos y revistas, y consideraba que la expresión Lengua Cervantina no tenía ningún asidero y tampoco un padre putativo a quien endilgársela, y era otra de las muchas frases que el pueblo en su proverbial imaginación había creado, no para reconocer la valía del más prolífico de los escritores de todas las lenguas universales, del autor que puso su impronta creativa y su  feraz imaginación, no solo en el Quijote, sino en todas sus llamadas novelas ejemplares, escritas en la edad madura, entre ellas El Licenciado Vidriera, que relata las peripecias de un ingenioso personaje, que hasta en las locuras es admira. El Celoso Extremeño, en la relata la historia de un matrimonio con una diferencia de edad entre los cónyuges, en la que Filipo de Carrizalez, un noble extremeño que después de permanecer 20 años en América, regresa a España a la edad de sesenta y ocho años, lleno de oro y plata y decide casarse con Leonora, una zagala de apenas catorce añitos. Riconete y Cortadillo, trata sobre el encuentro en el camino de Toledo a Andalucía de Pedro del Rincón y Diego Cortado, ambos de 15 años de edad, llamado Rinconete y Cortadillo, dos muchachos que se han escapado de sus casas porque eran maltratados por sus familias, y para ganarse la vida, tienen que robar y hacer trampas a las cartas. La Gitanilla, El Amante Liberal, y la Española inglesa. Sobresaliendo en sus entremeses y comedias, y naturalmente en sus poesías.
En fin estaba por tirar la toalla y dejar tranquilo a Cervantes y a don Quijote, cuando, acostado en la hamaca que siempre permanece en el rancho de mis padres, del cielo o quizás del salso  donde hibernan las iguanas y anacondas, me cayó como una bendición uno de los muchos libros que ha muchos años leía mi difunto padre, y para sorpresa mía allí encontré lo que estaba buscando.
Fue en el año de 1905, con motivo de la celebración del III centenario del de la publicación de Don Quijote de la Mancha, los españoles don Julio Cejador y Frauca, entonces catedrático del Instituto de Palencia, publicó La Lengua de Cervantes: gramática y diccionario. D. Julián Apráiz, edita su Don Quijote traducido a la lengua vasca, en el cual los más interesantes pasajes fueron vertido al éuskaro; y el insigne Don Francisco Navarro Ledesma, catedrático del Instituto de San Isidro y autor del Ingenioso Hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra.
Por una de esas generosidades del destino, los tres libros están en uno solo. Y en el Ingenioso Hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra, editado en 1905, en donde aparece por primera la expresión Lengua Cervantina, en que al autor, no solo siente una admiración por Cervantes, sino que analiza cada uno de los fundamentos y proyecciones históricas que le dará, no solo a España, sino a los países de habla hispana la renovación lingüística de Cervantes en todas sus obras y en donde sienta las bases a través de una obras literarias sencillas y asequible del futuro del idioma Castellano.
De esta manera pude comprobar que las palabras, por muy sencillas que sean, por muy humildes que parezcan, por muy  dóciles, siempre tienen un origen. Y en nuestro caso, la expresión Lengua Cervantina, que nomina la lengua española, para rendirle tributo y homenaje al más grande y prolífico creador, al más ingenioso de cuantos fabulistas hay en la faz de la tierra no iba a ser la excepción.
Muchas Gracias




[1] Conferencia leída el día 23 de abril del año 2008 en el Patio de la Infanta de la Casa de España de Cartagena, con motivo de la Celebración del Día Mundial del Libro y del Idioma
[2] Profesor de literatura española y francesa en la Universidad de Harvard. Hizo viajes de estudio a España y Europa en 1818 y entre 1835 y 1838 y acumuló una gran biblioteca de literatura clásica española que donó a la Biblioteca Pública de Boston. Su History of Spanish Literature (1849), impregnada de la metodología del positivismo de la época y por tanto muy documentada, fue la mejor hasta su tiempo y como tal muy bien acogida en todo el mundo culto, de suerte que fue traducida a numerosas lenguas.
[3] Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres (1943).[4] Azorín, Tomás Rueda. 1915. Ed., intro. y notas de Miguel Angel Lozano Marcos. Alicante: Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1994. 211 pp.
[5] Los compañeros de Don Quijote. Obras completas de Alejandro Carrión. 1a ed. Quito: Banco Central del Ecuador, 1995. 243 pp. Vol. 12.
[6] El juego de los espejos: presencia de Cervantes en la obra de Manuel Mujica Láinez.[7] Fernández García, María Nieves. “La presencia de Cervantes en Valle-Inclán.”[8] Servera Baño, José. “La influencia de Cervantes en Farsa italiana de la enamorada del Rey de Valle-Inclán.”[9] Ramón Menéndez Pidal, Historia de España, vol. XXVI: El Siglo del «Quijote» (1580-1680), Espasa-Calpe, Madrid, 1986.

lunes, 21 de noviembre de 2016

HOMENAJE EN LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA - COLDEMIX

HOMENAJE EN TALAIGUA
EN LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA 
COLEGIO DEPARTAMENTAL DE BACHILLERATO 
Ocurrida el día 22 de abril de 2016